España: Hora y Partidos de la Roja en el Mundial

Vayamos directos al grano y empecemos por el final, que es donde la pinza se cierra. La fase de grupos concluye el 26 de junio en el Estadio Akron de Guadalajara contra Uruguay, a las 20:00 hora local, lo que en España son las dos de la madrugada del sábado. Esa cifra, la de la madrugada peninsular, es la primera advertencia. Habrá millones de aficionados frente al televisor en horas imposibles, sí, pero el dato que importa es otro: ese partido casi con toda seguridad decidirá quién acaba primero y quién segundo, y por tanto el camino entero hacia las rondas decisivas. La selección de Bielsa no necesita presentación, y los antecedentes recientes invitan a recordar que esta España, con todo el talento joven que se le acumula, sigue siendo porosa cuando la presión aprieta.

El planteamiento del calendario obliga además a un desplazamiento considerable. Los dos primeros encuentros se disputarán en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, ese recinto de techo retráctil donde el calor y la humedad protagonizan tanto como cualquier delantero. Allí, el lunes 15 de junio a las 18:00 hora española, llega Cabo Verde, que estrena historial mundialista. Seis días después, el domingo 21, otra vez en Atlanta, comparece Arabia Saudí, aquella selección que humilló a Argentina en el debut de Qatar 2022. Y después, salto a México. El cambio de país, el cambio de altitud relativa, el desgaste acumulado: tres variables que el cuerpo técnico tendrá que gestionar sin la red de seguridad de los entrenamientos previos. 

Conviene detenerse un momento aquí. Lo previsible sería argumentar que España, con Lamine Yamal, Pedri, Nico Williams y la base campeona de la Eurocopa, tiene plantilla para no preocuparse del orden de los partidos. En parte es verdad. Pero los mundiales no se ganan con plantilla; se ganan con gestión, con frescura, con la capacidad de no llegar agotado al cruce que importa. Los antecedentes son tozudos: la última campeona del mundo, en su decimoséptima participación, sigue arrastrando el peso de 2010 como referencia única, y todo lo que ha venido después ha tenido siempre un componente de mala lectura del cronograma. Conviene tenerlo presente cuando los foros se llenen de pronósticos y las casas que recogen apuestas para el ganador del mundial coloquen a la Roja entre las grandes favoritas: ser favorita en el papel y serlo sobre el césped son dos categorías distintas.

Lo verdaderamente delicado del calendario español es el segundo encuentro. Arabia Saudí ya no es un rival exótico ni un equipo de relleno; es una selección con presupuesto, con liga revalorizada, con jugadores que disputan competiciones serias. Y le ha tomado el gusto a las sorpresas. Si España afronta ese partido tras un debut tibio, la presión se multiplica, y la salida a Guadalajara se convierte en una final anticipada contra Uruguay. Ese encuentro decisivo de madrugada, en el estadio del Chivas, en una ciudad donde la altitud de mil quinientos metros se hace notar, será probablemente uno de los mejor disputados de la fase de grupos. Y ahí entra otro factor que pocos están analizando: el desgaste mental. La selección llega tras un proceso largo, con muchos de sus futbolistas exprimidos por sus clubes. Los nervios en los momentos decisivos son un terreno tan medible como la posesión o el xG, y existe ya literatura específica sobre la guerra psicológica en el área que conviene leer antes de dar nada por hecho.

Está, por supuesto, la otra cara. Pasar primero del Grupo H implica un cruce contra el segundo del Grupo J en dieciseisavos, un recorrido teóricamente más amable que el del segundo clasificado. Y la nueva geometría del torneo, con 48 selecciones, ampliada respecto al formato de Qatar, regala una ronda más, pero también un cruce adicional donde caer. Cada partido añadido es una oportunidad de gloria y una oportunidad de eliminación. La aritmética del nuevo Mundial penaliza el error de cabeza más que el error técnico.

Quizá lo que más inquieta del calendario español no sea ninguno de los partidos en sí. Quizá sean los silencios entre ellos: los días muertos en Atlanta, los traslados, las concentraciones en hoteles que ningún jugador ha pisado antes, las ruedas de prensa donde cualquier titular puede incendiar un vestuario. España no llega a este Mundial como cazadora: llega como pieza. Y las piezas en una cacería deportiva mundial no eligen el ritmo. Lo asumen, lo soportan o lo padecen. La pregunta no es si la Roja tiene fútbol suficiente para llegar lejos. La pregunta es si tendrá tiempo, cuerpo y cabeza para hacerlo cuando le toque jugarse el torneo a las dos de la madrugada en Guadalajara.

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