El Real Madrid vence al Sevilla entre dudas, silbidos y un Mbappe historico
El fútbol no siempre se explica desde el marcador. A veces, los números esconden más preguntas que respuestas. El Real Madrid cerró su último partido del año en el Santiago Bernabéu con una victoria por 2-0 ante el Sevilla, pero el resultado no logró tapar las grietas de un equipo que sigue generando incertidumbre en su juego, en su actitud y en su identidad colectiva. La noche, sin embargo, quedó marcada por un nombre propio: Kylian Mbappé, quien igualó los 59 goles en un año natural de Cristiano Ronaldo, un hito que conecta pasado, presente y futuro del club blanco.
Desde el pitido inicial, el ambiente fue tenso. El Bernabéu, exigente como pocos estadios en el mundo, no tardó en mostrar su descontento. Los silbidos acompañaron los primeros compases de un Madrid impreciso, superado por un Sevilla valiente que, pese a jugar gran parte del encuentro con un hombre menos, generó ocasiones claras y obligó a Thibaut Courtois a convertirse en el verdadero salvador del partido.
Un inicio preocupante y un Sevilla sin complejos
El encuentro comenzó con una imagen poco habitual para el madridismo: un rival dominando emocional y tácticamente el partido en Chamartín. El Sevilla, bien plantado y agresivo en la presión, encontró espacios con facilidad ante una defensa blanca errática. Los errores en salida de balón y la falta de intensidad tras pérdida dejaron al descubierto a un equipo desconectado.
En apenas los primeros minutos, el conjunto andaluz dispuso de varias ocasiones claras que pudieron cambiar el rumbo del partido. Isaac Romero y Alexis Sánchez tuvieron el gol en sus botas, pero la falta de puntería y la figura imponente de Courtois evitaron el desastre. Cada ocasión fallada por el Sevilla aumentaba la impaciencia del público, que no dudó en expresar su frustración.
Un sistema sin alma y estrellas estáticas
Xabi Alonso apostó por un esquema ofensivo, acumulando talento en ataque con Mbappé, Vinicius, Rodrygo y Bellingham. Sobre el papel, la propuesta parecía irresistible. En la práctica, el equipo careció de movimientos sin balón, de automatismos y de rigor táctico.
El ataque del Madrid se volvió previsible y estático. Todos querían el balón al pie, sin desmarques que rompieran líneas ni apoyos coordinados. El resultado fue un juego lento, fácil de defender y alejado de la intensidad que caracterizó al equipo en otros tramos de la temporada.
Mbappé, especialmente, vivió una noche extraña. Falló ocasiones que normalmente convierte con los ojos cerrados. La presión del récord, la sombra de Cristiano Ronaldo y la ansiedad por marcar parecieron pesar más de la cuenta sobre el delantero francés.
Bellingham al rescate y el balón parado como solución
Cuando más dudas había en el ambiente, apareció Jude Bellingham. El centrocampista inglés volvió a demostrar por qué se ha convertido en uno de los líderes del equipo. Un cabezazo certero tras una falta lateral ejecutada por Rodrygo rompió el empate y alivió momentáneamente la tensión en el estadio.
El gol no fue fruto de una jugada elaborada, sino de una acción a balón parado, reflejo de las dificultades del Madrid para generar peligro en juego abierto. Aun así, el tanto permitió a los blancos irse al descanso por delante en el marcador, aunque con sensaciones lejos de ser positivas.
Segunda parte: caos, ocasiones y un Courtois decisivo
El segundo tiempo fue una auténtica montaña rusa. El partido se rompió, con llegadas constantes a ambas áreas. El Sevilla, lejos de rendirse, siguió atacando con convicción y volvió a encontrarse con un Courtois monumental, que firmó una de sus mejores actuaciones de la temporada.
Mbappé tuvo varias oportunidades claras para ampliar la ventaja, pero volvió a fallar en el mano a mano. Cada error aumentaba la ansiedad del delantero y la inquietud del público. Mientras tanto, el Sevilla seguía perdonando, manteniendo vivo un partido que parecía destinado al empate.
La expulsión de Marcao por doble amarilla cambió el escenario. Con un hombre menos, el conjunto andaluz perdió fuerza, aunque el Madrid no logró imponer su superioridad de forma inmediata.
El penalti, el récord y la herencia de Cristiano
La jugada clave llegó tras un penalti cometido sobre Rodrygo. Mbappé asumió la responsabilidad desde los once metros y no falló. El francés celebró el gol imitando la icónica celebración de Cristiano Ronaldo, un gesto cargado de simbolismo.
Con ese tanto, Mbappé alcanzó los 59 goles en un año natural, igualando el récord que el portugués estableció en 2011. Más allá del número, el momento representa un punto de conexión entre dos generaciones. Mbappé no solo persigue cifras, sino también el impacto histórico que dejó Cristiano en el club.
Un triunfo que no despeja las dudas
El pitido final confirmó la victoria del Real Madrid, pero no disipó las incógnitas. El equipo se va al parón con más preguntas que certezas: un juego irregular, una falta de intensidad preocupante y un sistema que aún no termina de cuajar.
La noche dejó un mensaje claro. Courtois fue el héroe silencioso, Bellingham el líder emocional y Mbappé el protagonista histórico. Sin embargo, el colectivo sigue en deuda con una afición que exige mucho más que resultados.
El Real Madrid gana, sí, pero sabe que necesita mejorar. El récord de Mbappé quedará para la historia, pero el verdadero reto será construir un equipo que esté a la altura de su talento.
Autor: Alejandro Montes
Analista de fútbol español y europeo. Especialista en táctica, rendimiento individual y grandes competiciones. Colaborador habitual en medios digitales deportivos y proyectos de análisis avanzado del juego.